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Emily in Paris: Dos estilos de vida laboral

Y sí, ya sé que la serie es polémica, que ha recibido muchas críticas por mantener los clichés no solo del cine, sino también de Paris, además Ucrania hizo un reclamo por Petra y hay quienes hasta hablan de la corrupción para llegar a los premios. Pero más allá de eso, cuando vi la segunda temporada -porque en navidad solo veo cosas que me relajen- me saltó uno de los mensajes claves.

Hagamos un recap rápido (con spoilers): Emily es una social media manager americana de 28 años que es trasladada a Paris por un año para ser parte de la fusión de la agencia de publicidad donde trabaja con una agencia más chica.

En Paris se desespera por la “falta de interés” de los franceses de trabajar en cada momento.

Esto se hace más patente en la segunda temporada cuando, en más de una ocasión, le recuerdan que los viajes no son para trabajar, los fines de semana es ilegal trabajar en Francia -salvo servicios- y que las fiestas -aunque sean con clientes- son para disfrutarlas.

Al final de la 2da temporada llega su jefa americana a Paris (Madeline) quien es igual o más workaholic que Emily, ella viene a mostrarle lo adictos al trabajo que son. Así que cuando Sylvie (si jefa francesa) se va de la agencia junto a todo su equipo, y le ofrece trabajo a Emily, esta última duda; hasta que llega a la oficina y Madeline le pide que le sirva café y le advierte que “ellas harán todo por ahora”.

En ese instante, Emily parece decidir con cuál modelo vivir.

Si bien la “decisión grande” es con quién quedarse como pareja o por quién luchar, lo que en verdad tiene que decidir Emily es si vuelve a trabajar en un lugar en el que persigue metas impuesta por la sociedad o si se atreve a trabajar en un país donde el disfrute y el gozo son parte del día a día y no solo de las vacaciones.

Esto último es una constante en varias películas francesas, donde suelen decir que el problema de “los americanos” es que no saben disfrutar el placer, esperan hacerlo solo en las vacaciones. ¿Son ustedes así?

¿Les hace sentido esto? ¿Qué modelo prefieren? ¿Viva el goce o trabajemos hasta no poder más? Les leo.

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Productividad y estrés: ¿Van de la mano?

En uno de los últimos episodios de Se Regalan Dudas hablaron con Guillermo Vega, un neuropsicólogo que habló sobre productividad enfocándose en el agotamiento en el que vivimos nuestro día a día. Esto me hizo recordar a mis primeros años de carrera y como era demasiado importante estar siempre con la agenda ocupada y el cansancio era la norma. Qué horrible ese momento de mi vida, pero qué lecciones me dio.  

Además, el martes 27 de abril hice un Live con mi amiga Joss Briones desde su cuenta @mifuerzavital en Instagram y pues, lamentablemente no quedó guardado, pero ahí recordaba cómo tanto en la universidad como cuando trabajé en campañas políticas, nunca me daba el tiempo de descansar, pero mi cuerpo cuando ya se quedaba sin recursos necesitaba hacerlo, así que sencillamente caí en cama por 3 días. Podía estar trabajando en el auto, el metro, la oficina, al llegar a mi casa. Me despertaba más temprano, llegaba más temprano que nadie a la oficina y así.

La última vez que me pasó estaba acompañando a mi amiga Mariví a buscar unas cosas en Los Teques (una zona un poco lejos de Caracas), ya habíamos tenido unos días intensos de trabajo y yo tenía malestar de gripe. Luego de ese recorrido, Mariví me invitó a almorzar en un lugar espectacular donde pedí un pescado que tuve que llevarme a casa porque me sentía TAN mal que ni quería comer. Finalmente, me dejó en el San Ignacio (un centro comercial) para tomar un taxi e ir a mi casa. 

Recuerdo haber llegado, decirle a mi mamá que me sentía mal, que dormiría y después no supe más de mí. Creo haber dormido unas 14 horas corridas, mi mamá no se preocupó porque sabía cómo reaccionaba. Luego de dos días durmiendo, solo me despertaba para comer algo, pero sin fuerzas. 

Me tomó unos 5 años darme cuenta que aquel episodio estuvo mal, y todos los anteriores peor. El cuerpo es una máquina perfecta, pero necesita regenerarse. Para ello, no solo debe alimentarse bien y ejercitarse, tener hobbies y reírse, sino además dormir y descansar; que aunque usted no lo crea, son cosas distintas.

Aprendí a diferenciar la productividad del estrés, porque no es lo mismo. Una persona productiva sabe diferenciar entre lo urgente y lo importante, sabe darse el tiempo para el ocio, sabe cuáles son las tareas con las que el día puede considerarse como exitoso; y precisamente porque la productividad saludable es parte de su día a día, el estrés no es una constante en su vida.

Es muy importante tomarse tiempo para hacer actividades que no sean “productivas” acorde a la sociedad, pero que te dan felicidad, que te ayudan a regenerar el cuerpo; tal como lo dice este post de Pictoline que uso en mi taller. En el episodio de Se Regalan Dudas, Guillermo habla de lo importante de darle al cuerpo pequeñas satisfacciones, porque así se van regenerando. Porque necesita reponer energía, nutrientes y recargarse, además de hacer limpieza interna.

Así que mi recomendación esta semana es que selecciones 3 tareas diarias que te darán la satisfacción de un día exitoso, y además buscar 1 actividad que hagas sin culpa, sin que sea productiva y que te relaje. 

Y si tienes problemas para dormir y descansar, que es algo que aprendí con Joss; es probable que seas una persona a la que le cueste tanto soltar, que finalmente entregarte al sueño es casi impensado para ti. En ese caso, te recomiendo que veas la serie de Headspace en Netflix, practiques yoga nidra o escuches este podcast que se llama Durmiendo Podcast, justo antes de dormir.

Cuéntame cómo te va en una semana. ¡Éxito! 

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3 consejos – muy reales – para no morir de reunioncitis crónica

En este post aprenderás algunas frases que te ayudarán a tener una vida más feliz cuando se trata de reuniones. También te ayudará a organizar mejores reuniones, en caso de que tu trabajo sea organizarlas.

Tengo la dicha de trabajar en un lugar donde la pandemia acabó con las reuniones. Y como la mayoría tiene hijos, las pocas reuniones que tenemos suelen ser bastante eficientes. Además, también tengo la teoría de que a los señores japoneses les molesta el hecho de estar pegados en la pantalla en reuniones.

En mi equipo tenemos una reunión mensual, reuniones puntuales cuando es necesario y yo tengo un chequeo semanal con la agencia que, en general, dura apenas unos pocos minutos, excepto cuando hay que revisar reportes. Y en la oficina tenemos una de todo el staff una vez al mes, que sabemos que durará mínimo 2 horas, pero cada presentación es corta, así que son dinámicas.

Pero, una de las cosas que más leo y escucho últimamente, es “¿Cómo me organizo y trabajo si tengo una reunión encima de otra?”.

La verdad es que la respuesta es sencilla, pero tiene dos variantes: si la cultura de trabajo donde estás es hacer reuniones porque quieren comprobar que “estás trabajando”, entonces tienes que idear algún mecanismo para que estas sean eficientes. Si eres de las personas que quiere tener muchas reuniones, entonces revísate.

Reunir es agrupar lo que está disperso, así que, en el contexto de pandemia y teletrabajo, muchas personas creerán que la única manera de hacer eso es a través de una videollamada o reunión. Sin embargo, te dejo aquí estos tres consejos reales para no morir de estrés por las reuniones por videollamada (O Zoom).

Consejo 1: Sé odiosa/o – majadera/o

Y no, no se trata de que no atiendas el teléfono o las llamadas por Zoom, se trata de que interrogues al programador de reuniones. Es decir, a esa persona que a la que le gusta agendar reuniones, respóndele un mail antes de aceptar y pregúntale:

  • ¿Es necesaria esta reunión?
  • ¿Cuál es el objetivo?
  • ¿Cuál es la agenda?
  • ¿Debo participar yo?
  • ¿No lo podemos ver por mail?

“¿Te parece si en lugar de 1 hora, lo agendas solo 15 minutos? Dudo que nos tome más tiempo que eso”, esa frase te ayudará.

Sí, al principio puede ser bastante odioso y fastidioso, pero créeme que, con el tiempo, esa persona comenzará a hacerse esas preguntas antes de agendar la reunión sin pensarlo.

Photo by Chris Montgomery on Unsplash

Consejo 2: ¡Ten una agenda!

Si tú eres de quienes organiza reuniones, entonces escribe la agenda y el objetivo de la reunión. Piensa antes: ¿Esta reunión debe durar 1 hora o simplemente quiero llenar mi agenda de reuniones para ir por la vida diciendo que tengo demasiadas reuniones? Hay personas cuyo trabajo es, casi 100% tener reuniones, pero seguramente no así el de las personas con las que trabajas cuyo trabajo, tal vez, sea 90% ejecutar o crear cosas.

Cuando cites a una reunión, ten claros los puntos de los que hablarás, evita que se metan otros puntos y lo más importante: establece un tiempo de 5 minutos para la conversación de pasillo que a todos nos hace falta, pero luego foco en la reunión.

Si es una reunión rápida diaria para chequear cómo van en un proyecto específico, lucha porque no entren OTROS temas de otros proyectos. Si alguien intenta hacerlo, dice: «¿Te parece si lo vemos después? Te llamo y lo conversamos, ¿Te parece?»

Consejo 3: Usa el método Pomodoro

El método Pomodoro es muy sencillo: 25 minutos de concentración máxima en una tarea, 5 minutos de descanso… y así. Entonces, ¿Por qué una reunión duraría más de 25 minutos de forma efectiva? Piensa que en 25 minutos deberías ser capaz de explicar y debatir para llegar a acuerdos, hacer presentaciones, mostrar un nuevo proyecto… Que tu reunión sea más larga, no quiere decir que sea mejor… Además, muchas veces en el mundo online es mucho más sencillo distraerse. Entonces, ¿De verdad es necesario que tu reunión dure más de 25 minutos? No lo sé, Rick.

Lograr que estos consejos sean efectivos, dependerá mucho de ti y tu equipo. Es ideal que lo conversen y sean sinceros en cuanto al número de reuniones que tienen normalmente. También es clave que se establezcan condiciones mínimas para saber si vale la pena o no llamar a una reunión, puede que un checklist sea ideal.

Si te gustaría que hablara al respecto, déjame un comentario en este post o en mis redes sociales: TwitterInstagram.

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Los hábitos «negativos» con los que conocí Chile

Ok, debo confesar que soy adicta a la televisión, me hipnotiza y puedo pasar horas y horas mirando cualquier programa. De hecho, en 2015 vi toda la temporada de Acapulco Shore en MTV porque era lo único que me hacía desconectarme de los días intensos de la campaña política en la que trabajé en Petare, para quienes no sepan, uno de los barrios más peligrosos y grandes de Venezuela.

Después de pasar todo el día trabajando, peleando, pensando en formas nuevas de llegarle a las personas y sorteando la crisis en el país, llegaba tipo 9:30 pm a mi casa, cenaba y me echaba en mi cama seguir con el chisme de Acapulco Shore, donde Karime -una de las participantes- tenía una frase divertidísima “hagas lo que hagas, quítate las bragas (pantaletas)”.

En 2016, cuando me mudé a Chile, comencé a buscar primero los programas de noticias, luego pillaba algún chisme y les preguntaba a mis amigas de la oficina. Además, en Chile hay varios memes nacionales que muestran un poco las otras caras de la cultura que no solemos ver; y como soy muy afortunada, mi amiga Javi me educó muchísimo.

Tengo más suerte, porque Edu -mi novio- también es un adicto a las noticias, entonces los fines de semana después de esas transmisiones, siempre hay programas culturales, así que muchas veces yo me quedaba muy pegada a algún programa donde aprendía de Chile y su cocina. Cosa deliciosa, porque en las noches, Edu solía hacer algún plato nuevo para yo probarlo.

¿Por qué el anti – hábito?

Creo que jamás he leído en algún libro sobre productividad y hábitos «siéntate todo el sábado a ver tele», suele ser lo contrario. Es por eso que me aburre mucho la gente que critica la televisión y se cree moralmente superior al afirmar que “ellos no tienen tele en su casa”, y está bien si eso es lo que quieren y si tienen sus razones claras; pero en mi caso, los programas culturales y de realidad chilenos han sido un ancla para entender un poco más a esta sociedad.

Esta fue una de la razones por las que, cuando en 2019 hubo protestas en todo el país, en lugar de criticarlas desde mi cómoda postura, me puse en el lugar de los estudiantes que salían a reclamar por sus abuelos; porque yo ya había visto suficientes realidades duras que son las que no se ven en el centro – centro del país, o sea, las 4 o 5 comunas en donde se toman las decisiones en la Región Metropolitana.

Entonces, ¿Es bueno ver televisión? Como todo en la vida, depende.

El año pasado comenzaron a retransmitir muchas telenovelas y, en verdad, gracias a Alberto Barrera Tyszka yo creo que las novelas explican muy bien a las sociedades.

Mi hábito por muchos sábados fue ver los programas, entender a la sociedad, a las personas de las regiones, su recelo con Santiago y la Región Metropolitana en general. Después le sumé ver las novelas para analizarlas y ver a los tipos de personas que existen en la sociedad chilena, sus creencias y formas de ver al mundo. Que sí, son estereotipos en muchos casos, pero también te ayudan a entender grosso modo lo que pasa y una sociedad que para mí es completamente nueva.

Mi recomendación es que, si eres adicta/o a la TV como yo, agéndalo.

Establece horarios para ver lo que sea que quieras sin sentirte mal, sin sentir que procrastinas o sin dejar de lado otros proyectos. Cuando en tu agenda hay un horario establecido para ver ese programa que quieres ver, por más absurdo que sea, la mente se calma y la ansiedad también, porque sabes que tendrás un horario para hacerlo, y lo disfrutarás cuando corresponda.

Cuéntame: ¿Cuál es ese programa que te da vergüenza admitir que te gusta?

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Listas que te ayudarán a ganar tiempo

Las listas son grandes aliadas cuando se trata de planificar por adelantado, suelen ser tu propia base de datos para seleccionar restaurantes, comidas, combinaciones de ropa, regalos para el futuro y mucho más. Además, sirven para darle un relajo a tu mente, en especial cuando el cansancio gana y por eso, ayudan a tomar mejores decisiones.

Escribo como forma de vida. Lo que no anoto, no existe; es como si mi cabeza no registrara esa información si mi mano no ha realizado el trazo en el papel. Siempre supe que hacer listas era mi cosa, lo que no sabía era que había personas que se dedicaban a explicar y hacer de las listas un estilo de vida, así que cuando conocí a Paula Rizzo mis ojos brillaron.

Paula es una productora de televisión cuyas listas la han ayudado a ser más productiva, a ahorrar tiempo y a trabajar más eficientemente. Cuando leí su primer libro, Listfull Thinking, entendí que no estoy loca y aprendí a perfeccionar mis listas. ¡Fue mágico!

Es normal que, en general, pensemos que sirven solo para anotar los pendientes del día, o las listas de compras en el supermercado. Pero pronto nos damos cuenta de que van más allá. ¿Te acuerdas el nombre de ese restaurante que tanto te gustó? ¿Cuál era el libro que querías leer? Todas estas cosas podrías tenerlas presentes si las anotases en listas. Y sería más fácil encontrarlas cuando necesitas responder a esas preguntas.

Las aplicaciones vs los cuadernos

Si bien soy de las personas que prefiere escribir a mano antes que usar una aplicación, en el caso de las listas funcionan mejor las aplicaciones y esto es por una razón sencilla: suelen ser infinitas.

Tener una libreta para hacer listas que me salvarán en el futuro, implica una logística de escritura que no estoy dispuesta a asumir. ¿Cuántas líneas dejo para los restaurantes? ¿Cuántos libros voy a necesitar escribir? ¿Será suficientes estas páginas para anotar las recetas que quisiera hacer? No lo creo.

Cuando usas apps como las notas del celular o Trello, por ejemplo, es mucho más fácil cargar siempre con las listas, tener un back up en la nube o alimentar categorías específicas. Antes usaba Wunderlist y la eliminaron, -bueno, la compró Microsoft- fue un día lamentable porque no pude recuperar mis listas.

Pero, también les recomiendo usar plataformas como Pinterest, donde puedes crear tableros personalizados; Youtube donde puedes hacer listas de rutinas de ejercicios, recetas, videos interesantes de algún nuevo hobbie que quieras poner en práctica. Cuando el insomnio ataca, puedes tener una lista de libros en tu mesa de noche, o un playlist en Spotify que te ayude a conciliar el sueño.

Es probable que llegue navidad y no sepas qué regalar a la familia de tu novio, pero a lo largo del año seguro vas observando cosas que quisieras regalarles. Haz una lista de posibles regalos.

Pero también haz una lista de las cosas que te hacen feliz, revísala los días en que te sientas triste. Haz una lista de tus logros, y verás que son más de los que te reconoces.

Si pensabas que las listas eran solo para los pendientes y las compras, espero que al llegar hasta aquí hayas descubierto que en realidad son más útiles de lo que imaginabas.

¿Tienes alguna aplicación favorita para hacer listas? Cuéntame.  

Procesando…
¡Lo lograste! Ya estás en la lista.
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Detectar necesidades para diseñar servicios: 10 consejos para lograr un buen Needfinding

Había estado desaparecida porque el diplomado en diseño de servicios me tenía full, lo hice en la Universidad Católica de Chile; la modalidad me gustó bastante porque mezcla clases teóricas con un proyecto que se trabaja durante los 6 meses que dura el diplomado. Nosotros terminamos el 13 de enero.

En nuestro caso, fuimos un grupo de 6 personas y decidimos trabajar con un colegio en la comuna de Peñalolén, Región Metropolitana de Santiago. Es un colegio con un índice de vulnerabilidad de 88%. No teníamos muy claro por dónde empezar, pero sí sabíamos que queríamos ayudar a que el paso a digital fuese más “suave”.

Tras la primera reunión con la directora del colegio, y después de revisar una encuesta interna que hicieron, nos dimos cuenta de que, probablemente, el problema estaba en la comunicación, así que por ahí planteamos nuestra investigación y partimos con una primera hipótesis sobre nuestro problema.

Nuestro plan de investigación contemplaba entrevistas a apoderados (padres), profesores, equipo de gestión y expertos, también incluía netnografías y observaciones. Aquí les dejo 10 cosas que aprendí de este primer proceso:

  1. Planifica, planifica, planifica: ninguna investigación saldrá bien si no está bien estructurada, debes tener listas las pautas, cronogramas, formatos para el vaciado de la información y tareas bien definidas.
  2. Define los roles: es clave saber quién hace mejor qué cosa, algunas preguntas son: ¿Quién contacta a los entrevistados? ¿Cómo lo hace? ¿Cuándo lo hace? De lo contrario, será difícil avanzar. Para esto debe haber siempre alguien a cargo de gestionar al equipo, de liderarlo.
  3. Coordinen lo más que puedan: idealmente a una entrevista deberíamos ir dos personas, siempre. Entonces para nosotros fue fundamental designar siempre al que guiaba la entrevista y al que era el backup, esa persona que preguntaría cosas que quedaban por fuera o que era capaz de identificar algunos puntos extra.
  4. Investiga un poco a tu usuario antes de ir a entrevistarlo: nosotros quisimos contactar a los padres por Facebook y todo salió mal, no habíamos entendido que estos serán padres de un colegio vulnerable, personas que desconfían del sistema, que además no son necesariamente “usuarios externos”, sino que son parte de una comunidad.
  5. Cuando entrevistes, observa más allá de lo obvio: por la pandemia, todas nuestras entrevistas fueron online, así que teníamos que mirar más allá de lo que nos decían; es decir: si pedíamos tener una entrevista por Google Meet y el entrevistado nos pedía que fuese por teléfono, ahí hay algo que debemos ver y preguntar: ¿Se entiende con la tecnología? ¿Le gusta? ¿No tiene computador?
  6. Crea sistemas: como con los hábitos, para que un proyecto funcione bien, necesita tener sistemas. Nosotros creamos un sistema de vaciado y un de seguimiento. Sin embargo, tuvimos un problema. Decidimos usar Excel para vaciar la información y no tuvimos pautas muy claras para hacerlo, entonces quien vaciaba decidía cómo lo hacía: anotaba sus impresiones, algunas frases textuales, algunos comentarios. Cuando nos tocó organizar los hallazgos, esto nos jugó en contra.
  7. Define pautas: ¿Cómo van a guardar los archivos? ¿Cómo van a vaciar la información? ¿Van a transcribir? Es ideal tener todo esto en cuenta. Yo hoy, les aseguro, que transcribir las entrevistas les servirá muchísimo cuando quieran volver a la fuente, a ese comentario que les hizo clic, a esa frase que les hizo decir «ajá».
  8. Organiza los hallazgos a medida que los vayas encontrando: ¿Cómo vas a saber si saturaste, si no ordenaste? Esta fue otra pata floja de mi equipo, nos confiamos y nos tardamos. Sí, logramos hacerlo, pero nos tomó más trabajo. Una de las mejores técnicas para hacer la organización es el Research Wall, porque funciona en su versión offline y online.
  9. Evita el sesgo y enamorarte de una hipótesis: sí, creo que esta es una de las tareas más difíciles; porque somos humanos y tenemos una historia, venimos de lugares distintos, así que esto es más difícil muchas veces; pero es necesario poder poner los juicios en pausa, analizarlo todo “desde afuera” y también “desde adentro”, estar dispuesto a aceptar que las hipótesis cambian.
  10. Devuelve la información: al finalizar tu investigación, es muy importante entender que debemos volver a cada uno de los entrevistados y explicarles los procesos. Para esto, se puede organizar una reunión donde las personas sepan cuáles han sido los principales hallazgos, pues ahí podremos volver a re-validar lo que ya sabemos.

Bono: Ten a tu contraparte informada. Aquí hay otra falla nuestra, pues no supimos entender que era necesario hablar con la contraparte siempre, enviarle correos, mantenerla muy informada; pues con ella podríamos ir validando y construyendo a medida que vamos avanzando.

Si bien este fue el primer proceso forma y con metodología de detección de necesidades (Needfinding) que hago en mi vida, la verdad es que esto ya lo había hecho antes, no solo cuando trabajaba en política, sino también desde el mundo corporativo. Esto me ha permitido poner en práctica algunas de mis habilidades aprendidas en el pasado.

Por ejemplo, de la escritura de crónicas aprendí a observar más allá de lo obvio, aprendí a preguntar, a entender cuándo seguir y cuándo detenerme; eso también me enseñó a identificar en qué momento las entrevistas debían dar un giro. Y, especialmente, me enseñó a escuchar con atención.

De organizar eventos en Japón, Tailandia, Chile y Venezuela aprendí lo importante de definir las tareas, responsables y tener tiempos para todo. Esto nos sirvió particularmente en la sesión de co-creación, pero esto va en otro post.

De trabajar con japoneses aprendí que no siempre entendemos lo mismo, pese a que usemos las mismas palabras; así que ahí la empatía ha jugado un rol muy importante, pues me ayuda a ponerme en el lugar del otro y buscar formas alternativas de explicar.

En conclusión, para trabajar en diseño de servicios se necesita tener distintos conocimientos, habilidades y capacidades que ayudarán a generar más empatía con los usuarios. Además, debemos estar conscientes que esta es una disciplina de constante aprendizaje. Pero también debemos tener en cuenta que la planificación es clave y que con un buen proceso de detección de necesidades, es decir, de #Needfinding, podemos tener una buena base para construir un mejor servicio.

3 técnicas efectivas para aumentar la productividad

Robin Sharma, autor del libro El Club de las 5am, dice que hoy tenemos que luchar contra las distracciones; eso se lo escuché en un episodio de un podcast y desde que lo dijo no he dejado de pensar en esto. Apenas comienzo a leer su libro, así que espero tener una reseña pronto.

Esto lo conecto en los primeros talleres sobre Productividad Saludable que estuve dando, una de las quejas más frecuentes era la falta de tiempo debido a las reuniones (por eso escribí esto), pero también está el celular, las cosas de la casa -porque pandemia- y hasta la mosca que pasa avisando que irá a posarse sobre la taza de té.

En todos estos años, he probado muchísimos métodos de trabajo para evitar las distracciones, es por eso por lo que ahora les quiero compartir 3 de esas que sé les serán útiles. Comencemos:

  1. Pomodoro:

Esta técnica fue creada en 1980 por Francesco Cirillo, quien hoy es consultor en productividad (metas). Consiste en usar 25 minutos para concéntrate en una sola y única tarea, descansar 5 minutos y seguir con esa tarea u otra, idealmente otra.

Hay sitios web como este que te ayudarán a potenciar esta técnica.

Comprométete y cierra todas las ventanas donde te puedan hablar, si es necesario informa a tu jefatura al respecto para que sepan que por esos 25 minutos no estarás disponible.

2. Mañana silenciosa:

No importa si vives solo, probablemente trabajas con más personas o si vives con tu pareja, seguro te habla mientras trabajas. Esta técnica es ideal para esos momentos en los que necesitas mantener la concentración por largo tiempo.

Consiste en reservar 3 horas de la mañana, que suele ser el momento donde el cerebro está mas activo, para concentrarte en una única tarea. Aquí también es importantísimo evitar las distracciones: cerrar el navegador, el WhatsApp, las redes sociales. Si es posible, deja tu celular en el cajón del escritorio.

Llega a un acuerdo con tus compañeros de trabajo, pareja o casa y establezcan 3 horas de full foco. Pon música, ideal instrumental, comienza. En esas 3 horas adelantarás mas que el resto del día, probablemente.

3. Agenda el ocio:

Sí, esto incluye por ejemplo ver las redes sociales. Lo que pasa cuando anotas en tu agenda “3:30 – 4:30 ver TikTok” es que tu cerebro ya sabe que tendrás un espacio para revisar las redes sociales, esto calmará la ansiedad que puedas sentir y te permitirá concentrarte en otras tareas. Además, una vez que dices: Ok, tengo 30 minutos para ver Tiktok (o lo que sea, en realidad), te das cuenta que ese tiempo es más que suficiente.

Haz una lista de actividades relajantes o que te distraigan, luego agéndalas durante el día para que así puedas poco a poco ir descansando y recuperando fuerzas para seguir.

Ahora bien, la productividad es un camino que lleva a hacer cosas en el tiempo indicado trabajando solo lo necesario, para ello necesitas también tener resueltas otras cosas de las que hablaré más adelante como crear sistemas que te pongan en el camino al éxito.

Cuéntame en los comentarios si tienes otras técnicas.

Procesando…
¡Lo lograste! Ya estás en la lista.

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¿De qué hablo cuando hablo de Productividad?

He notado, conversando con algunos amigos, que los temas relacionados a la “productividad” no son tópicos comunes en sus conversaciones, muchos lo ven como algo no solo alejado, sino también como de la “explotación del hombre por el hombre”. Ajá, mis amigos.

Sin embargo, creo que hoy hay personas interesadas y preocupadas por sus hábitos, lo cual también está relacionado a la productividad. Este año lo comencé leyendo el libro de Aili Castro, una nutricionista venezolana con base en Santiago. En su libro Un hábito a la vez, ella cuenta su historia y su paso de ser una atleta de alto rendimiento a ser adicta al azúcar, para luego identificar qué hábitos eran negativos y cómo cambiarlos.

Justo en estas semanas, Aili publicó en su canal de YouTube un video sobre las rutinas de mañana, yo también hice un Live en Instagram al respecto, donde conversé sobre por qué las rutinas tienen que ser diseñadas por ti y para cumplir un objetivo propio, no para cumplir con los de otros; es decir: hay un público interesado en estos temas.

¿A qué te suena la palabra “productividad”?

Cuando le hice esta pregunta a algunos amigos me di cuenta de que, para la mayoría, esta palabra sonaba a algo frío, números y reportes de cierre de mes, rendimiento corporativo y, en particular, a muchos “le sonaba a algo del trabajo”. No obstante, la productividad está relacionada a todas aquellas actividades que desees hacer, no solo en tu oficina, sino también en tu vida, como los proyectos que quieres concretar.

Pero yo no hablo de productividad a secas, es por eso que cuando hablo de productividad saludable (mi obsesión) me refiero a la capacidad que tiene una persona de diferenciar, por un lado, qué tiene que hacer y qué quiere hacer. Y por otro, saber hacer mejor, en lugar de hacer más.

Porque la productividad no se trata de hacer más cosas, sino de saber qué hacer en qué momento y con cuáles recursos.

¿Cómo lograrlo?

Por ahora, te propongo estos tres pasos:

Conócete: ¿Cuál es tu momento más activo en el día? ¿Cuáles alimentos te dan más sueño y cuáles te activan? ¿Cuándo tienes mejor concentración? Todos funcionamos de forma diferente porque todos somos diferentes, así que cuando tratas de seguir los hábitos de Steve Jobs o algo así, terminas frustrándote porque sencillamente no eres como él. Así que obsérvate, estúdiate, anota lo que vayas descubriendo. Te ayudará muchísimo.

Concéntrate: Parte del fracaso de las tareas suele ser cuando una persona, en lugar de concentrarse en una sola cosa, están viendo Instagram, Twitter, contestando mensajes, viendo correos electrónicos, etc… Entonces, te recomiendo usar el método Pomodoro, donde estableces un contador de tiempo en 25 minutos, trabajas full en una tarea en ese tiempo y luego tómate 5 minutos para descansar. Otra cosa que puedes hacer es establecer horarios fijos para revisar tus correos electrónicos porque debemos quitarle el sentido de urgencia a los mails, anota en tu agenda en qué momento verás redes sociales, agenda las llamadas -en la medida de lo posible-.

Termínalo: “Mejor hecho que perfecto”, “lo perfecto es enemigo de lo bueno”, estas dos frases me ayudan a salir del bucle loco del perfeccionismo; ese monstruo que vive en nuestras cabezas donde nada está lo suficientemente listo. En este punto, mi consejo es que antes de comenzar un proyecto definas cuál es el mínimo aceptable, convérsalo con alguien más para asegurarte que ese “mínimo” no es en realidad algo irreal. Avanza y ¡Termina! Créeme que no vale la pena seguir con esa presentación que debe tener solo 4 láminas, y que te está tomando 4 horas porque no logras decidirte por la tipografía “correcta”. ¿Vale la pena? Créeme que, como perfeccionista recuperada, la respuesta es NO.

Te recomiendo este ejercicio simple de visualización cómo sería para ti un día ideal, ¿qué harías? Ese día debe incluir tareas del trabajo. Cuéntame en los comentarios.

¿Cómo crear una rutina de mañana?

Tal vez te identificas con esto:

La alarma suena y entonces comienza el: despertarse, mirar el celular, tener sueño, odiar todo, volver a mirar el celular, ya es tarde, pararte, ducharte rápido, lavarte los dientes, ponerte crema (si te acuerdas, si tienes tiempo), vestirte con cualquier ropa, dejar todo desordenado, comerte un pan con un café, sentarte a trabajar… sentirte cansado todo el día, pensando en “necesito cambiar, pero no sé cómo”.

Yo pasé por ahí muchas veces, pero después de leer El Poder de los Hábitos, y escuchar algunos podcasts al respecto, me di cuenta que era demasiado importante comenzar a con una rutina. Un día tomé lápiz y papel y comencé a escribir cómo sería mi rutina ideal: Despertaría, me preguntaría cómo estoy, meditaría, me lavaría la cara y los dientes, me pondría una crema hidratante; luego haría yoga, leería y escribiría, finalmente pasearía a Rucio para llegar a ducharme y luego desayunar con calma. Suena mágico e imposible, ¿No? Bueno, lo era, no te voy a mentir.

La magia de ser honesta

Una vez que definí todas estas cosas, comencé a tomarme el tiempo en mi rutina normal, o sea, la del primer párrafo. Tenía una hora disponible. Sin embargo, en mi papel, todas nuevas actividades que quería hacer me tomarían casi 2 horas. Fui honesta, no me iba a despertar a las 6:00 o las 5:00, no me gusta porque en las noches me gusta dormirme como a las 11:30 – 12:00. Así que negocié conmigo misma.

Lo primero que hice fue decir: ajá, qué es lo que sí o sí yo necesitaría en mi rutina de mañana. Sabía que meditar era algo que me centraba, hacer yoga me despertaba y era el momento que tenía que para eso, y quería pasear con Rucio, así que ahí podía escuchar podcasts o audiolibros.

Paso 1: Anota todo lo que quieres hacer, calcula el tiempo que tienes en la mañana antes de irte o conectarte a trabajar, define cuáles son las actividades REALMENTE importantes para ti.

Comenzar pasito a pasito, suave, suavecito

Evidentemente quiero un nivel Buda cuando medito y quisiera ser tan buena como mi profe de yoga, además quisiera pasear y jugar pelota con Rucio, hacerme desayunos épicos y saludables… pero si comienzo así, me voy a frustrar muchísimo porque no lo voy a lograr, entonces me voy a desanimar y tirar la toalla.

Lo que hice fue establecer un mínimo de tiempo, es decir:

  • 10 min de meditación
  • 10 min de yoga
  • 20 min de caminata con Rucio

Esto me ha permitido ir aumentando el tiempo poco a poco, sé que algunos días puedo tener más minutos que otros, pero mi mínimo de satisfacción es 10 min.

Paso 2: establece un tiempo mínimo realista y aceptable para hacer esas cosas que quieres hacer en las mañanas: caminar, pintar, cantar, hacer deporte, leer, lo que sea. Busca esa cantidad de minutos en las que puedes decir: Ok, estoy feliz.

Listas, listas, listas

Creo firmemente en las listas, hago listas para todo, mi vida está ordenadas en listas… bueno, no todo… pero sí muchas cosas. Muchas personas creen que las listas son algo solo para el supermercado, pero en realidad te ayudarán a reducir el estrés. Por ejemplo, para lograr meditar comencé buscando aplicaciones que me hicieran la vida más fácil, logré dar con Headspace que además ahora tienen un documental en Netflix. Lo bueno de esta app es que, de verdad, explica muy fácil todo el proceso de meditar y lo que le pasa a tu mente.

En cuanto al yoga, hice también una lista de videos en YouTube, además tengo a mi profe y amiga Katha – que es la mejor, lo prometo – pero como no puedo hacer una hora diaria, entonces busqué videos de 10 a 15 minutos y los tengo en esa lista. Así que cuando me despierto, voy tan en automático como cuando me lavo los dientes. No pierdo tiempo decidiendo.

Tengo listas de podcasts que quiero escuchar cuando camino con Rucio, o audiolibros según el ánimo. Las listas me ayudan a pensar menos, a tomar menos decisiones.

Paso 3: Haz listas de lo que quieres hacer, tipos de ejercicios, libros que quieres leer, cosas que quieres pintar. Si te ahorras este tiempo de pensar o buscar, créeme que tendrás más tiempo para hacer lo que quieres hacer.

Tener una rutina de mañana no requiere dormirse a las 10:00 pm, despertar a las 5:00 y hacer las cosas que las personas “exitosas hacen antes de despertarse”, para nada. Lo que tienes que hacer es conocerte, entender qué cosas te hacen feliz, qué te sirve. Tal vez tu rutina es pararte, ver noticias y tomar café. Eso te centra, te da energía ¡Y es perfecto!

Mi consejo final es que no trates de hacer las rutinas de otros, porque puede que a ti no te funciones y termines frustrándote.

Procesando…
¡Lo lograste! Ya estás en la lista.

La imagen de este post: Photo by David Mao on Unsplash

Diseño al servicio de la Productividad Saludable

Los probé todos: bullet journal, lista de tareas, aplicaciones, Google Calendar, papel, planificadores; y de verdad ninguno me funcionó, pero de todos tomé algo. Sin embargo, no fue sino hasta el 2020 y su encierro que entendí que en realidad debía diseñar mi propio sistema de orden.

Pero no fue tan fácil. El año pasado compré al menos 3 planificadores distintos, me gasté no sé cuánta plata en buscar soluciones para dejar de olvidarme de horas médicas, reuniones y tareas importantes, y aún así no encontraba una solución. A muchos nos ha pasado, ¿cierto? Estamos tan ocupados con el día a día que somos incapaces de frenarnos un segundo a cuestionarnos las actividades que estamos haciendo o ni recordamos qué hicimos la semana pasada.

Si a ti te ha pasado, entonces sabe de lo que hablo.

Tengo un registro de casi todas las veces que he colapsado por exceso de trabajo o de actividades extras. En todos esos momentos he dejado de estar presente en mi vida y he vivido tan en automático, que he dejado de disfrutar momentos realmente importantes por estar siempre pensando en los pendientes y en lo que debo hacer a penas termine este cumpleaños, cena, paseo… lo que sea.

Sin embargo, el día que decidía adueñarme de mi tiempo y mi agenda de tiempo libre, nació mi #ProductividadSaludable. Pictoline esta semana sacó una infografía que habla un poco de esto, pero con otro nombre, y creo que hacia allá debemos apuntar todos.

Justo antes de escribir esto, estaba tomando siesta porque probablemente el desayuno tenía más gluten del que yo podía comer y terminé sin energía. Hace unos 5 meses, esto me hubiese generado un sentimiento horrible, una culpabilidad sin sentido, y hubiese entrado en un ciclo de “no sirvo para nada”. Hoy, en cambio, me desperté, vi la hora, me lavé los dientes, tomé agua y me senté a escribir. ¿Para qué torturarme si no tiene sentido?

Pero ajá, ¿Cuál es ese sistema mágico? En primer lugar, no es tan mágico porque no es un aparato que empiezas a usar y todo se soluciona. En segundo lugar, no creo que todos los métodos les sirvan a todas las personas, pero sí creo que estas preguntas que me hice ayuden a muchos.

Ahora sí, cuando decidí hacerme estas preguntas, pero en serio, comenzó a fluir el sistema de organización que funciona para mí y que me ha arreglado bastante la vida. Aquí las preguntas:

  1. ¿Esto está bien como está o necesito seguir “perfeccionándolo”?  

Solemos estar obsesionados con la perfección y creemos que esto es una virtud. Vamos por la vida gritando «es que yo soy perfeccionista y me exijo mucho», sin saber cuánto daño nos está haciendo esto. Y me pasaba que en el trabajo, por ejemplo, decidía cambiar una presentación de un producto (neumáticos) y esto me tomaba mucho más tiempo solo porque “no estaba perfecta”. Nadie me pedía un tipo de presentación tan exigente, yo lo hacía porque en mi cabeza, eso era lo que tenía que hacer.

De esto aprendí mucho con Ruth, en terapia. Con ella entendí que ese “perfecto” solo estaba en mi cabeza y que era poco probable cumplirlo. Así que comencé a preguntarme siempre: ¿Tengo que tomarme 2 horas para hacer esta presentación o quiero hacerlo? Si la respuesta era “quiero”, entonces me volvía a preguntar: ¿Pero por qué quiero? ¿Cuán trascendente es esto en realidad? ¿Vale la pena? En el 99% de los casos, no era necesario quedarme pegada en algo que ya sabía que estaba bien. En cambio, si la respuesta era “tengo”, entonces sabía que esto era prioridad en mi semana laboral.

Lo mismo me pasa con la comida, con la ropa, con muchas otras cosas. Entonces, mi invitación es a incluir este hábito en tu vida y preguntar siempre: ¿Esto está bien como está o necesito seguir «perfeccionándolo»? ¿Cuánto más le voy a dedicar a esto? ¿Vale la pena?

2. ¿Estoy haciendo esto porque de verdad me gusta o porque lo vi en internet?

Un día me di cuenta de que no estaba comprando comida para la Laura que soy, sino para la que quiero ser. Esto hacía que las verduras se dañaran, no cocinara nada con esa pasta miso que me salió carísimas, etc.… Así me pasó con la ropa, con rutinas de mañana, con hábitos, con planes.

Hace poco me dije que si yo quería ser la Laura que come sano y sabroso, tenía que incluirlo en mis rutinas, entendiendo que debía tomarme el tiempo para cocinar, porque las verduras no se iban a poner solas en mi plato. Así que ahora, cuando estoy armando mi semana, evalúo qué días necesitaré pedir comida y qué días tendré tiempo para cocinar. Además, como me gusta preguntarme todo, me pregunto también: ¿Por qué quiero comer sano? Parecerá loco, pero cuando anclas los hábitos a una razón real y positiva para ti, entonces es mucho más fácil adoptarlos.

Es muy importante sincerarte y saber que lo que estás haciendo, lo estás haciendo porque quieres, porque va contigo. Y esto lo enlazo con los valores que mencioné en mi post anterior.

3. ¿Qué cosas necesito tener en un planificador?

Un domingo por la tarde estaba sentada en mi computadora buscando libretas planificadoras, acababa de regalar una hermosa que me gustaba, pero que no me servía. Volteé y vi todos los cuadernos que tengo en la biblioteca, así que pensé: ¿Qué necesitaría yo en un planificador?

¿Qué quiero ver y cómo quiero verlo?

Quienes me conocen saben que no soy capaz de hacer una casita dibujada porque los palitos se caerían, pero sé escribir y tengo letra bonita (¿), así que tomé mi libreta como ven en la foto de abajo, me sinceré en qué necesitaba yo para tener un planificador ideal y lo hice. Tomé herramientas de varios que ya he tenido o del bullet journal, además que mes a mes lo voy haciendo mejor.

Así que mi invitación es a dar ese paso a atrás, preguntarte qué tienes que hacer y qué debes hacer, diseñar tu propio planificador y sistema que te funcionen y dejar del lado el perfeccionismo, porque en verdad eso no es más que un algo que está en tu cabeza.

Pronto lanzaré un nuevo taller, esta vez pago, te invito a registrarte aquí en la lista de espera para el taller: Diseña tu vida para la productividad saludable.

LISTA DE ESPERA TALLER: DISEÑA TU VIDA PARA LA PRODUCTIVIDAD.

Foto principal por Glenn Carstens-Peters en Unsplash

¿Existe la productividad saludable?

Cuando el mundo se detuvo en marzo del año pasado, la frase que más escuché fue “si no lo haces ahora que tienes tiempo, entonces no quería hacerlo de verdad”.  Para ese entonces yo no sabía muy bien qué quería hacer, así que mi solución fue – como hacía antes – enfocarme en hacer muchas cosas y no hacer ninguna.

En abril estaba metida en Diarios de Cuarentena de Marcy Rangel, Wordpower de Willy McKey, un taller gratis sobre escritura de crónicas que Jorge Carrión dictado por WhatsApp; además tenía mi trabajo tiempo completo, y colaboraba con la productora Sofrito Creativo en la estrategia digital del canal de YouTube de Sumito Estévez y de un cliente que nunca se concretó, pero que dio mucho trabajo. Súmenle a esto que empecé a hacer yoga 3 veces por semana, que tengo a Edu y a Rucio, que debía dormir, comer, descansar.

En mayo comenzó el colapsó, pero ignoré un poco todo porque “yo puedo, es el momento”.

A todo eso le sumé la idea de crear un proyecto entorno al marketing gastronómico, que realmente hoy no tengo muy claro de dónde salió la idea. Dejé de tener tiempo -en medio de la pausa mundial- para disfrutar con Edu o jugar con Rucio, me llenaba de tareas en el trabajo porque sentía que no estaba rindiendo lo suficiente… Así que un día me senté a llorar en el baño, estaba muy cansada, tenía ganas de renunciar a todo y hacerme bolita. Ese día le escribí por primera vez a Ruth.

En junio comencé a verme con Ruth semanalmente, hoy es mi terapeuta y salvadora. Me prometí a mí misma tomarme el tiempo de cerrar todo y dejar de meterme en tantas cosas, porque en agosto comenzaría el diplomado el diseño de servicios y sabía que aquello implicaría dedicación, así que necesitaba poner orden… Sin embargo, sentí que había fracasado porque una y otra vez, me repetía a mí misma que era experta en hacer listas, planificar, gestionar el tiempo; porque yo sabía calcular más o menos cuánto tiempo me toma hacer algo y porque si yo no podía ni gestionar mi tiempo, entonces ¿Qué podía hacer? Nada. Sentirme fracasada.

Decidí tomarme unos días para calmarme. Renuncié a casi todo, me quedé con mi trabajo a tiempo completo y el diplomado. Y volví a mis raíces, recordé que gestionar el tiempo no quiere decir “hacer todo”, sino más bien “decir no” y establecer prioridades. Hice mis listas, reforcé mis valores, y comencé a desarrollar lo que llamo Productividad Saludable.

Así que, tomando esto en cuenta, te dejo 3 consejos para hacerte adueñarte de tu tiempo de forma saludable:

  1. Define tus valores: Sí, vamos por la vida hablando de nuestros valores, pero ¿Cuáles son? ¿Los pueden enumerar? Te aconsejo hacerlo, anotar todos los valores que sientas tienes, y después escoger los 5 más importantes. Este ejercicio lo hice con Julia Ojeda, creadora de The Braving Mix, y fue poderosísimo. Definir tus valores te va a llevar a decir “NO” cuando tengas alguna propuesta que no se alinee a lo que quieres en este momento.  
  • Sigue tu día: Uno de los consejos que suelen dar los asesores financieros es que anotes todos los gastos que haces, por más chicos que sean, y que después los analices; lo recomiendan porque es la única manera de darte cuenta de la cantidad de gastos hormigas que tienes, es decir: todo eso que te hace gastar plata sin darte cuenta, pues lo mismo pasa con el tiempo. En esta hoja encontrarás una guía para hacer un rastreo de tu tiempo, haz una copia y comienza a llenarla. Una semana tiene 168 horas, ¿De verdad no tienes tiempo? Anota no tu agenda, sino lo que terminas de hacer en verdad. Así fue como en mayo y junio registré todo lo que hacía y me di cuenta un día que en 45 minutos hice 10 cosas, ninguna al 100%.
  • Agenda tu tiempo muerto: Te prometo que esto te ayudará muchísimo porque agendar la procrastinación te permitirá saber que a las 15:50 vas a tener 10 minutos para ver Instagram, Twitter o YouTube. Agenda la hora de la serie, de salir a caminar, de comprar el café; así no sentirás que estás buscando excusas para no hacer las cosas que tienes que hacer.

Estas técnicas forman parte de mi proceso, de lo que he aprendido. Me han permitido lograr proyectos con éxito, tener tiempo para mi, para descansar. Entonces, he estado pensando en hacer un taller corto, completamente gratuito, para compartir mis técnicas para lograr una productividad saludable que me permita cuidarme, darme espacios y no colapsar. ¿Te interesa? Regístrate aquí: http://bit.ly/Productividadsaludable_taller1 (CERRADO).

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